A veces uno se puede acostumbrar a la rutina diaria que toma todos los días para ir al colegio, universidad, o el trabajo. Llega al punto que uno empieza a aburrirse de los días ordinarios y se siente como un esclavo.

He notado que las primeras dos horas de mis días semanales empiezan siempre iguales: levantarme después de dos o a veces tres alarmas, cepillarme los dientes, lavarme la cara, cambiarme de ropa, desayunar cereales, manejar hasta la estación de tren, subirme al tren, caminar a la parada de los colectivos, tomar un colectivo, y finalmente llegar hasta la universidad para mi primera clase.

Al principio del año académico, esta odisea me parecía interesante por todos los cambios de transporte que tenía que tomar sola y sentirme como una adulta total. Pero ahora, después de tres meses con la misma rutina, empecé a sentir cansancio y preocupación al pensar que esto será mi vida por cuatros años más. Luego me puse a pensar otra vez y me di cuenta de que los adultos en su vida diaria, en sus trabajos viven la misma rutina todos los días por el resto de sus vidas a menos que tengan que buscar nuevo trabajo, mudarse, etc.

Al hacer la misma rutina todos los días, uno impide que fluya en sí mismo la creatividad que suele ocurrir con eventos inesperados porque deja de sentir curiosidad cuando vive lo mismo todos los días. Esta creatividad, sin embargo, puede ser muy beneficiosa para el individuo en diferentes maneras como descubrir nuevos puntos de perspectiva o tener más facilidad en crear nuevas ideas con la curiosidad que se mantiene viva.

¿Entonces cómo podemos cambiar esa rutina para influir la creatividad en nosotros mismos? La clave no es cambiar la rutina por completo, si no cambiar sólo una cosa cada día porque ya eso puede brindarnos resultados distintos.

Por ejemplo, en vez de alistarse sin ningún sonido a la mañana, uno puede poner música o abrir la ventana para oír los pájaros cantar. Al subirse al coche, en vez de escuchar a la misma estación de radio o la misma playlist, uno puede variar el género de música que suele oír o escuchar un audio book de su tema favorito.

Si no está tan soleado, puedes estacionar en el último piso del parking lot sin techo y hacer pasos extras usando las escaleras en vez del ascensor. En el tren, no busques por el mismo asiento. Camina entre las cabinas y descubre que el tren no es el mismo de vagón en vagón. Si siempre estás en el celular cuando esperas por el colectivo, apaga el teléfono y observa a tu alrededor. Una vez que llegues a tu destino, si tienes tiempo de sobra, camina por un camino distinto. Talvez encontrarás un nuevo atajo o hasta un nuevo lugar para visitar. Si pasas por edificios en tu universidad o trabajo que no sean donde tienes tu clase u oficina, eso no significa que no puedes caminar por adentro y usarlos como atajos o solo lugares nuevos para tu caminata.

El punto es, no te límites. El sentido de la aventura y la curiosidad por nuevas experiencias puede ayudar a crear una vida más movida e interesante que no se bloquea al convertirse en una gran rutina. Disfraza tu rutina con cambios menores que pueden resultar en experiencias completamente diferentes.


Melanie Danoviz

Imagen Crédito: Melanie Danoviz