El pasado viernes 1ro de Junio, Paty Cantú arrasó ante un Auditorio Nacional abarrotado y protagonizó un espectáculo en el que todos los ritmos tuvieron cabida, desde el R&B el hip-hop, la cumbia, electrónico, el pop y el trap. Como una fusión sin etiquetas es como ella define su nuevo disco #333 y ese concepto cobró vida hoy en la Ciudad de México.

El evento comenzó con “Cuervo”, noveno track de su nuevo álbum, después sonó “Rompo contigo” y la audiencia estalló en euforia cuando comenzaron los acordes de “No fue suficiente”, tema que ya es un clásico en su trayectoria y que en su reciente producción reversionó al lado de Karol G, quien se unió a ella en el escenario del Coloso de Reforma.

La colombiana fue la primera invitada y se encargó de darle los primeros toques de música urbana al espectáculo, a ella siguió Sofía Reyes, quien acompañó a Paty en “Afortunadamente no eres tú”, canción que mantuvo la energía del público en uno de los puntos más altos.

El lado más romántico de la intérprete llegó con “Si tú no lo dices”, para este momento del concierto se hizo acompañar de Leonel García, quien le imprimió un sello muy particular a su colaboración. Sin duda, fue uno de los instantes más emotivos de la noche.

“Clavo que saca a otro clavo”, “Se desintegra el amor” y “A dónde vamos a parar”, cover que Paty hizo a Marco Antonio Solís, retumbaron en el Auditorio antes de que llegara el siguiente invitado: Jesse Baez, quien cantó con ella “Miento”, tema que es uno de los favoritos de la mexicana porque le permitió mezclar trap con R&B.

Los momentos finales del show estuvieron cargados de intensidad: Paty compartió el escenario con Nath Campos y Saak en “War”; el público enloqueció cuando apareció Jesús Navarro, vocalista de Reik, con quien cantó “Déjame ir”. En este punto la euforia estuvo en el máximo nivel, con miles de celulares captando el suceso.

Para cerrar el show la intérprete eligió #Natural, primer sencillo de su nuevo disco, Juhn se unió a ella y la gente cantó y bailó al ritmo que Paty les marcó. Esta noche #333 cumplió su cometido: romper las etiquetas que separan a la música.