El récord de 21 homeruns establecido durante La Serie Mundial del año 2002, fue roto durante este Clásico de Otoño, cuando los cuadrangulares tanto de Astros como de Dodgers no parecían no tener fin

Los jonrones no paraban de desaparecer sobre el muro del Minute Maid Park.

Siete cuadrangulares fueron conectados en el quinto partido, para establecer un récord de 22 en una Serie Mundial. Veinte y cinco carreras fueron anotadas en un juego que fue abierto por Clayton Kershaw de los Dodgers y Dallas Keuchel de los Astros, ambos ganadores del Cy Young y de los mejores lanzadores de las Grandes Ligas.

Después de una temporada en la que los bateadores eclipsaron a sus predecesores de la Era de los Esteroides en la suma de jonrones, hay una sensación de que hay algo extraño con las pelotas.

“La queja principal es que las pelotas parecen algo distintas en la postemporada, incluso de la postemporada a la Serie Mundial”, declaró Justin Verlander. “Están un poco escurridizas. No te queda otra que lidiar con ello. Pero no es solo un pitcher el que ha salido a decir, ‘aquí hay algo diferente’. Creo que es una opinión generalizada, ‘wow, aquí hay algo que no está bien”.

Una cifra récord de ocho cuadrangulares fueron conectados en el segundo partido, incluyendo cinco en extra innings. Y los siete jonrones del quinto juego hubieran empatado el récord previo. La victoria 13-12 de los Astros, consumada en 10 innings, fue el segundo juego con más carreras en la historia del Clásico de Otoño.

Esto fue lo que Keuchel dijo tras el segundo partido: “Es obvio que las pelotas tienen algo”.

Pero no es tan obvio para todos, inclusive en medio de la escalada de jonrones.

“Personalmente, no he notado nada. Tampoco me pongo a analizarlo”, dijo el relevista de los Dodgers Brandon Morrow tras permitir dos jonrones en el quinto juego. “No es el tipo de cosas que quieres ponerte a pensar”.

Kershaw compartió el mismo criterio, pese a que acababa de permitir su octavo jonrón de esta postemporada, un récord personal.

“No presto atención a ello”, dijo el as zurdo. “Solo asumo que los dos equipos lidian con ello, así que no me preocupa”.

El bombardeo de jonrones este año dejó atrás los 21 de la Serie Mundial de 2002. Anaheim sacudió siete y Barry Bonds y los Gigantes de San Francisco conectaron 14 en siete partidos. Eso fue el año previo al inicio de los controles antidopaje.

Las conjeturas de que algo ha cambiado incluyen un estudio que asegura que encontró diferencias en el tamaño y dimensión de las costuras de las pelotas desde el receso por el Juego de Estrellas de 2015.

“Sé que se habla bastante de diversos tamaños y que algunas de las pelotas son un poco más grandes o un poco más chicas. Algunas de las costuras son más altas, otras más abajo. Pero no hay consistencia”, dijo Rich Hill,  “Creo que es algo que obedece a las condiciones — si hace más frío, pues estarán resbaladizas. Si hace calor, pues te vas a encontrar con algo más de humedad en las pelotas”.

El comisionado Rob Manfred insiste que no hay nada pérfido con las pelotas.

“Estoy plenamente confiado de que las pelotas que estamos usando cumplen con las especificaciones”, dijo Manfred el viernes.

Verlander rechazó esa afirmación.

“Sé que el señor Manfred dice que las pelotas son las mismas, pero creo que hay suficiente información disponible que indica que eso no es cierto”, señaló el lanzador.