Todos tenemos un camino que hemos recorrido desde hace años. Algunas veces ese camino es un reflejo de nuestras metas personales o laborales. También puede ser reflejado en la manera en que pensamos sobre la vida y cómo reaccionar a ciertas situaciones.

El día de hoy hablaré acerca de nuestras raíces. Con esto me refiero a algo más que del lugar en donde nacimos, con volver a nuestras raíces me refiero a las costumbres, recuerdos y valores de las cuales fuimos forjados.  Es increíble detenerse un momento y pensar en el poder de la familia, por ejemplo. Lavar los platos después de comer, dejar la cuchara mientras tomas el café, son algunos ejemplos de costumbres que se pueden dar en una familia. Hablar del poder de la familia es reír con tus hermanas o hermanos por algún recuerdo que trae felicidad y gozo en una conversación.

Sin embargo, cuando crecemos y entramos a las presiones de la vida, el trabajo, cuidar a los nuestros, llega un punto en el que dejamos de disfrutar de lo que tenemos por estar preocupados por el próximo pago de la tarjeta bancaria. Es ahí, donde debemos de estar conscientes de los días que nos están tocando vivir. Supongamos que tienes un trabajo estable y una familia a la que vive mejor que cuando tú estabas pequeño. Agradece por esa oportunidad que se te brindó para con tu familia. Si subes un escalón arriba, en tu mente sube dos escalones de humildad y enseña valores a tus próximas generaciones.

Vuelve a tus raíces.

Columna Ahora por Jorge Flores