La capital de Zacatecas, “una ciudad con rostro de piedra y corazón de plata”, reina sobre las planicies barridas por el viento. Esta legendaria urbe platera se localiza cuatro horas y media al norte de Guanajuato, y ofrece un verdadero recorrido por la historia nacional. Con una altitud de 2 mil 460 metros (es la segunda ciudad más alta del país), Zacatecas literalmente te dejará sin aliento. Su interés arquitectónico reside en sus abundantes edificios religiosos y civiles, de los cuales destaca su catedral construida entre 1730 y 1760, misma que domina el panorama del centro histórico.

Desde sus orígenes en el siglo XVI, cuando era un importante centro minero, Zacatecas fue valorada por sus vetas de plata y otros minerales. El 20 de enero de 1548, el pionero Juan de Tolosa fundó la ciudad junto con Diego de Ibarra, Cristóbal de Oñate y Baltasar Tremiño de Bañuelos. Una de las minas más grandes se encuentra en Fresnillo, también conocida como la Villa de Plateros, asentado a sólo 20 kilómetros de la capital. En Navidad, éste es el destino de peregrinaciones que llegan para regalar juguetes al Santo Niño de Atocha, protector de los mineros y un símbolo de Zacatecas.

Algunas minas han sido adaptadas para ofrecer visitas guiadas; una de ellas es El Edén, que se extiende por debajo de la ciudad y en la cual se pueden apreciar bellas formaciones rocosas, minerales de colores y la maquinaria antaño usada por los mineros. El tour por este sitio también te permitirá admirar increíbles vistas aéreas desde el teleférico, que conecta la ciudad con el cerro de la Bufa.

Desde las alturas, las calles del centro semejan una mezcla de líneas y curvas. Sus avenidas están salpicadas de callejones que anuncian viejas leyendas, como el callejón del indio triste. Cuentan los locales que aquí vivió Xólotl, señor de Pánuco, quien sentía un obsesivo amor por Xúchitl, la última princesa chichimeca. Otros callejones zacatecanos famosos son el de Mantequilla, Gallos, Merceditas, San Francisco, Santero, Mono Prieto, Tenorio y Resbalón.

Aunque ya estaba poblada en tiempos prehispánicos, Zacatecas fue oficialmente fundada en 1546 tras el descubrimiento de un rico yacimiento de plata. La ciudad alcanzó el cenit de su prosperidad entre los siglos XVI y XVII. A principios del siglo XVII, Zacatecas producía una quinta parte de la plata mundial. A finales del siglo XVI, varias órdenes religiosas (dominicos, jesuitas, agustinos y franciscanos) construyeron iglesias con el patrocinio de los barones de la platería. Hoy día, el centro histórico zacatecano es un conglomerado de sublimes iglesias, conventos abandonados y una robusta arquitectura colonial.

Durante siglos, Zacatecas fue la frontera norte de la Nueva España. Cruzadas religiosas partieron de esta urbe hacia el hostil territorio del norte, que en esa época comprendía los actuales estados de California, Nuevo México, Nevada, Colorado y Texas. La abundancia de recursos y su posición estratégica fueron aprovechados por los ejércitos en el siglo XIX. En plena Revolución Mexicana, Pancho Villa venció a 12 mil soldados al mando de Victoriano Huerta en la famosa batalla de la “Toma de Zacatecas” de 1914.

Muchas características distinguen Zacatecas de sus ciudades coloniales hermanas. La primera es su posición geográfica entre dos imponentes montañas: el cerro de la Bufa y el cerro del Grillo. Asimismo, Zacatecas posee una de las colecciones de arte más importantes, la cual proviene de distintas partes del mundo. Además, aquí coexiste una ecléctica mezcla de los museos más finos de México y de verdes parques que ofrecen quietud. Si de turismo de aventura se trata, la ciudad ofrece dos de las mejores experiencias del país: un recorrido por las entrañas de una antigua mina y un viaje aéreo sobre las calles de la ciudad a bordo de un teleférico.