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La construcción de la ciudad de Brasilia comenzó en 1956, siendo Lúcio Costa el principal urbanista y Oscar Niemeyer el principal arquitecto. En 1960, se convirtió oficialmente en la capital de Brasil. Junto con Putrajaya (la capital administrativa de Malasia) y Naipyidó (la nueva capital de Birmania) es una de las ciudades capitales de más reciente construcción en el mundo.

Al trasladar la capital al interior, el gobierno del Brasil independiente pretendía ayudar a poblar aquella zona del país, atrayendo habitantes de zonas muy pobladas mediante el traslado de la administración pública hacia el hinterland rural. Gente de toda la nación, especialmente de la Región Nordeste de Brasil, fue contratada para la construcción de la ciudad.

No fue hasta el 21 de abril de 1960, tras 41 meses de trabajo, que la ciudad fue inaugurada al quedar completada. Brasilia comparte con ciudades como San Petersburgo, Washington D.C., Canberra, La Plata, Belo Horizonte o Putrajaya, la rara particularidad de ser una ciudad planificada, construida y urbanizada con el fin expreso de usarse como capital o sede administrativa nacional.

La capital brasileña es la única ciudad del mundo construida en el siglo XX a la cual se le ha adjudicado (en 1987) el rango de Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco, un organismo especializado de las Naciones Unidas. Algunas de sus sitios de interés turístico son:

Catedral
Sus formas audaces, su luz, la belleza de sus vidrieras y de las obras de su interior hacen de la Catedral Metropolitana, en la Explanada de los Ministerios, uno de los núcleos más eminentes y visitados de la Capital Federal. Proyectada por Oscar Niemeyer, fue inaugurada en mayo de 1970 después de 12 años de trabajos.

Tiene 40 metros de altura y 16 arcos de hormigón armado, circundados por un espejo de agua. La cruz metálica de 12 metros de alto ubicada en su cima fue bendecida por el papa Pablo VI, que donó el altar. En la plaza de acceso al templo se alzan cuatro esculturas de bronce de tres metros de altura que representan a los evangelistas: a la derecha, San Juan; a la izquierda, San Mateo, San Lucas y San Marcos.

Esplanada dos Ministérios
Todo el significado de Brasilia como Capital Federal se debe a los edificios y monumentos localizados a lo largo del Eje Monumental, avenida que se localiza en el centro del Plan Piloto. Las principales postales de la ciudad se sacan aquí.

En el paseo rumbo al este, se alzan diversas obras de Oscar Niemeyer, como el Palacio del Planalto (sede del poder ejecutivo), o el Supremo Tribunal Federal (sede del poder judicial), o el Congreso Nacional (sede del poder legislativo). Las dos torres de este último, que albergan la Cámara de los Diputados y el Senado, fueron señaladas por el propio Niemeyer como uno de sus proyectos predilectos.

La Plaza de los Tres Poderes liga los tres edificios y también es una atracción en sí misma, pues reúne además museos (como el Histórico de Brasilia, el Espacio Lúcio Costa y el Espacio Oscar Niemeyer) y esculturas ilustres, como Os Candangos, el Marco Zero de Brasilia y el enorme Mástil de la Bandera, de 286 metros.

Pirenópolis
Esta pequeña ciudad del interior de Goiás, a 140 kilómetros de Brasilia, ha sido declarada Patrimonio Histórico y Artístico Nacional. Rodeada de colinas y cascadas, conserva su aspecto antiguo y bucólico, y está habitada por una población pacífica, hospitalaria y festiva.

Caminar tranquilamente por sus calles empedradas, saludar y charlar con los lugareños es un ejercicio agradabilísimo. El centro histórico encanta al visitante, que tiene la sensación de penetrar en el Brasil colonial. Hay hermosos caserones, edificios de importancia arquitectónica e iglesias del siglo XVIII.

Caipirinha, la bebida tradicional del Brasil
La bebida nacional es, sin duda, la caipirinha, elaborada de cachaça (aguardiente de caña de azúcar), azúcar, jugo de limón y hielo. Los batidos de zumos de frutas exóticas son muy populares y una buena opción para refrescarse pues suelen ir acompañados con hielo picado. Y por supuesto, hay que probar el excelente café. Uno de los mejores del mundo, y que se pueden tomar al terminar una comida. Nada mejor que un «cafezinho» (cafecito) bien cargado, sin leche y con azúcar.