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California aprobó ayer 5 de octubre la ley de suicidio asistido que pedía Brittany Maynard. Es el quinto estado de la Unión en autorizar que los médicos receten dosis letales de eutanásicos. Jerry Brown: «En el fondo, he tenido que decidir qué querría para mi propia muerte»

El país se conmovió recientemente con el caso de un niño de 5 años que desconectó a su abuelo a petición de éste de una máquina de respiración  artificial, creyendo que le ayudaba a apagar una luz que le molestaba. Los hijos del hombre enfermo en fase terminal nunca se atrevieron a hacerlo, pero tranquilizaron al niño por haber hecho -involuntariamente- lo que ninguno del resto de la familia se atrevió a hacer a pesar de las súplicas del padre moribundo, en parte porque la Eutanasia (o muerte por compasión) es contra la ley en la mayoría de los estados de la Unión Americana.

Este caso y el de Britanny Mayonard estuvieron el el fondo del debate legislativo de California que terminó con la firma, el día de ayer 5 de octubre, de la ley de muerte asistida o «End of Life Act», sellada con la firma del gobernador Jerry Brown.

También es el resultado que inspiró Brittany Maynard, la joven de 29 años que el pasado mes de noviembre estremeció a Estados Unidos con una campaña viral para pedir una ley de suicidio asistido en el estado de California. Maynard, fue diagnosticada en enero de 2014 con un cáncer incurable en el cerebro, por lo que frenó su anhelo de tener hijos y decidió poner fin a su vida cuando y como ella quisiera.

Residente del norte de California, tuvo que irse con su familia a Portland, Oregon, para ejecutar su decisión de adelantar su muerte ya que en ese estado vecino ya existía una ley de suicidio asistido. En octubre pasado Brittany lanzó una campaña por Internet junto con la organización Compassion&Choices para que las leyes cambien en todo el país y nadie tenga que irse de su casa para morir.

Maynard se suicidó legalmente el 1 de noviembre, tal como había anunciado. Desde entonces, su familia ha continuado su lucha en el Legislativo de California hasta que logró suficiente apoyo.

La firma de la «End of Life Act»

El gobernador de California, Jerry Brown, dio luz verde ayer lunes 6 de octubre con su firma a la ley de suicidio asistido votada el pasado 12 de septiembre del 2014 por el Legislativo del estado, en una importante victoria para los grupos que defienden la muerte digna.

La firma del gobernador Brown convierte a California en el quinto estado (junto con Oregon, Washington, Montana y Vermont), en permitir esta práctica por la cual los médicos pueden recetar medicamentos (conocidos como eutanásicos) que causen la muerte a un enfermo terminal que lo pida en plenitud de facultades mentales.

California había rechazado en dos veces anteriores medidas parecidas. Esta es una importante victoria para los grupos que defienden la muerte digna, pues se trata del estado más poblado de EE UU y el que es tomado como referencia en muchos de estos debates.

Los debates de estos meses previos han tocado los diferentes aspectos morales del asunto, que se han traducido en enmiendas a la ley. Por ejemplo, la prescripción del médico caducará a los 10 días y tendrá que ser vuelta a recetar si para entonces no se ha tomado el autenásico.

-«No sé qué haría yo, pero no voy a negar el derecho a otros», Gobernador de California Jerry Brown

No estaba claro que el gobernador fuera a firmar la nueva ley. Brown es un hombre muy religioso. Fue seminarista en su juventud y se le tiene por conservador en temas morales. En una explicación poco común, este lunes publicó una carta en la que desgrana su razonamiento para aceptar el suicidio asistido. La carta no tiene desperdicio.

Esta ley “no es una ley normal porque trata de la vida y la muerte”, comienza diciendo Brown. “El centro del asunto es si el estado de California debe seguir criminalizando el que una persona que se está muriendo acabe con su vida, da igual lo grande que sea su dolor o sufrimiento». “He leído con cuidado el material serio que han presentado para oponerse varios médicos, líderes religiosos y aquellos que defienden los derechos de los inválidos. He tenido en cuenta las perspectivas teológicas y religiosas en el sentido de que cualquier acortamiento de la propia vida es pecado.

También he leído las cartas de aquellos que apoyan la ley, entre ellas emocionadas peticiones de la familia de Brittany Maynard y el arzobispo Desmond Tutu. Además, he debatido este asunto con un obispo católico, dos de mis médicos y antiguos compañeros de clase y amigos, que tienen posturas variadas, contradictorias y matizadas.

Al final, he tenido que decidir qué querría yo si me enfrentara a mi propia muerte.

No sé lo que haría si estuviera muriendo con un dolor prolongado y agónico. Estoy seguro, sin embargo, de que sería un alivio poder tener en cuenta las opciones que se proveen en esta ley. Y no voy a negar ese derecho a otros”.

 

Fuente: Oficina del gobernador Jerry Brown / El País

Foto: orderofthegooddeath.com