Cuando reconoces que solo tú tienes la capacidad de quererte, cuidarte y elegir tu propio camino, todo se vuelve más fácil, accesible y hasta divertido.

Becky Krinsky – Life coach, fundadora de recetasparalavida.com

Gracias Dalia, eres una verdadera inspiración.

Aprender a amarse a uno mismo es un arte que requiere ser cultivado día a día. El amor propio es tanto un regalo como una responsabilidad, donde cada individuo tiene la obligación de nutrirlo. Este amor es la manifestación de un corazón pleno y ligero, comprometido a vivir cada momento como una oportunidad única para crecer.

Aquellas personas que viven en paz y armonía consigo mismas son seres radiantes y felices, que irradian una energía positiva contagiosa e inspiradora para quienes las rodean. Estas personas no se sienten culpables al decir «no es mi problema», y saben decir «no, gracias» sin remordimientos.

Quererse a uno mismo implica reconocer que, a pesar de los desafíos y obstáculos de la vida, uno elige no cargar con lo que no puede cambiar o controlar. No invierten energía en situaciones que no les aportan nada positivo. Entienden que no tienen que sostener el peso del mundo, por lo que dejan que las cosas fluyan naturalmente. No retienen a personas ni situaciones, comprendiendo que cada uno tiene su propio camino. No se desgastan ni sufren por ello.

Este amor propio se traduce en el permiso personal que uno se otorga para ser auténtico y genuino consigo mismo.

No es necesario buscar la validación del amor propio en los demás, ni esperar que otros demuestren cuánto nos aman. Todos son libres de tomar sus propias decisiones, y no tienen que cumplir con las expectativas de otros para demostrar cuánto valoran una relación.

El amor propio no debe confundirse con el egoísmo o la arrogancia, sino que implica un equilibrio saludable entre el cuidado personal y la consideración hacia los demás.

Para aprender a quererse uno necesita:

  1. Creer en uno mismo – Aprender a aceptarte tal como eres, con tus virtudes y tus defectos. Reconocer que nadie es perfecto y que está bien tener imperfecciones. Tener claro qué tipo de vida quieres tener y poder expresarlo.
  1. Cultivar el amor propio – Desarrollar continuamente una imagen positiva de uno mismo, reconociendo sus logros y valorando tus capacidades sin esperar que otros las reconozcan.
  1. Cultivar la compasión y el perdón hacia uno mismo – Tratar con amabilidad y comprensión en momentos de dificultad o fracaso. Aprender a perdonar los errores que cometes y liberarte del peso del remordimiento.
  1. Adueñarse de las decisiones y los comportamientos personales – Dejar de buscar culpables o vivir victimizado por circunstancias que han ocurrido involuntariamente. Reconocer que eres la persona responsable de descubrir el camino hacia el bienestar, la plenitud y la autovaloración.
  1. Tener el valor para expresarte cuando, dónde y con quién – Tener la claridad para poder comunicarte sin exigir o reprochar lo que hacen otros, sin necesidad de lastimar o menospreciar a aquellos que no se encuentran en la misma frecuencia emocional.

El amor propio surge de la capacidad de aceptar las imperfecciones y de abrazar la vulnerabilidad convirtiéndola en una fortaleza compasiva y auténtica.

La receta

Amor propio- Brillo incandecente

Ingredientes:

Aceptación incondicional – reconoce y acepta cada uno de los aspectos del carácter personal.

Compasión – cariño, calma y perdón por los errores y los momentos de debilidad.

Resiliencia: capacidad de adaptarse y recuperarse frente a la adversidad y los desafíos.     

Decisión – compromiso personal diario para hacer un buen día y tener una mejor vida.

Valor – coraje para superar los desafíos y motivación para seguir adelante.

Afirmación personal para nutrir el amor propio:

Reconozco que soy yo quien debe quererme, cuidarme y protegerme. Tengo el valor para aceptar mis debilidades, perdonar mis errores y superar mis conflictos. Dejo atrás la ira, el resentimiento y la culpabilidad, ya que estos solo me restan energía y limita mis posibilidades. Puedo ver con claridad que el malestar de los demás no es mi responsabilidad, y no tengo que cargar con ello ni resolverlo. Decido enfocarme en lo positivo, lo constructivo y lo que contribuye de manera beneficiosa a mi vida. Reconozco cuando las situaciones me afectan y puedo discernir cuándo es necesario desapegarse para buscar mi equilibrio. Cuido mi bienestar y no permito que nadie ni nada perturbe mi paz. Me amo, me cuido y agradezco todo lo que soy y todo lo que hago.

Cuando uno tiene un amor propio sano:

  1. Un amor propio sólido actúa como un imán para valores positivos. Nos permite apreciar nuestras diferencias y respetar las de los demás, creando un ambiente de inclusión y empatía impulsa la cooperación y el crecimiento personal, guiándonos hacia una mentalidad de abundancia y gratitud.
  2. El amor propio bien arraigado otorga el coraje para abrazar desafíos y oportunidades. Nos anima a buscar nuestras fortalezas y a construir sobre ellas, adoptando una actitud de aprendizaje constante.
  3. Relaciones auténticas y enriquecedoras florecen en un terreno de amor propio y bienestar emocional. Nos enseña a establecer límites saludables y a comunicarnos con claridad, nutriendo conexiones genuinas basadas en el respeto y la confianza mutua.

«Ámate a ti mismo primero y todo lo demás caerá en su lugar.»