Hay personas que hacen imposible el diálogo porque siempre tienen la razón y no escuchan otras opiniones.

Los tercos son personas testarudas, que les cuesta escuchar y no admiten que nadie los cuestione; por lo que hablar con ellos es un asunto complicado.

A pesar de que lo que se está por discutir con una persona terca pudiera no tener importancia, por su naturaleza cerrada e intransigente, una aclaración se convierte en una confrontación agitada… con ellos, hasta el saludo hay que pensarlo dos veces.

Una persona terca, tiene pensamientos rígidos y creencias limitantes. Cuando alguien trata de indicar algún otro ángulo para poder ver otro punto de vista…inmediatamente se ponen a la defensiva, se sienten atacados por lo que se irritan con facilidad.

La comunicación con un terco es una tarea difícil, casi imposible. Porque ellos siempre deben tener la razón. Ante la frase, ¿Qué prefieres tener razón o ser feliz?¡Por supuesto, tener la razón, es la felicidad y el único fin que tienen!

Detrás de la armadura rígida de la persona terca se esconde un individuo inseguro, que no sabe manejar sus miedos y sus creencias a menos que se proteja y levante muros entre él y las personas que lo cuestionan o lo provocan.

Una persona testaruda se hace pasar como un ser arrogante, déspota y agresivo para no tener que desenmascarar su miedo, demostrando su vulnerabilidad.

A pesar de que estas personas tercas y rígidas parecieran tener su vida bajo control, en realidad viven en una lucha permanente consigo mismos y con los demás. Como no escuchan, no aprenden y, por lo tanto, repiten continuamente su mismo patrón, perpetuando sus propios círculos viciosos.

Uno de los retos casi imposibles para personas tercas y testarudas es el de tratar de ponerse en la posición de otros y sentir empatía por los demás.

La terquedad es una pantalla que le sirve de licencia para no ceder, ni dialogar con serenidad. Su testarudez niega la posibilidad de estar equivocados y su necesidad de dominar, conocer y controlar terminan por desgastar sus relaciones.

Todas las características y las virtudes tienen dos caras en la misma moneda. La terquedad también tiene su aspecto positivo. La versión positiva de la testarudez se llama perseverancia.

Una persona terca, no se deja caer hasta que logra su objetivo. Su fortaleza e ímpetu de lucha son necesarias para triunfar y conquistar los sueños. Ser testarudo también tiene sus beneficios. La firmeza y la obstinación se convierten en el deseo intrínseco por conseguir y lograr sus propósitos.

Hay que aprender a tomar lo bueno y balancear aquello que perjudica, daña o deteriora las relaciones. Después de todo, es bueno vivir feliz, aunque uno no siempre tenga la razón.

La receta

Deja ir al orgullo que destruye relaciones

Ingredientes:

  • Fortaleza – valor para resistir los deseos de imponerse y tener la razón
  • Conciencia – responsabilidad ante las elecciones personales y sus consecuencias
  • Prudencia – buscar el tono y el momento adecuado para poder dialogar
  • Humildad – sencillez y reconocer que el punto de los otros también es válido
  • Optimismo – buscar el lado positivo y amable a las relaciones humanas
  • Afirmación Personal para poder soltar el orgullo

Vivo en armonía con el mundo y cuido mi paz emocional. Acepto que no debo tener la razón siempre. Puedo escuchar otros puntos de vista sin tener que imponer mi opinión. Reconozco que no puedo controlar lo que otros dicen, pero aprendo a controlar mis reacciones ante lo que escucho. Resisto el caos sin sentirme amenazado. Aprendo a manejar el conflicto. Cuido mi tono y mi forma de hablar para que me escuchen sin tener que crear una lucha de poder.

Para soltar el orgullo:

1. Dejar la necesidad de tener la razón para abrirse a la posibilidad de aprender, escuchar y mejorar. Cuando se promueve la posibilidad de escuchar sin opinar, ni criticar el diálogo fluye y el conflicto se diluye, y se abren muchas posibilidades para solucionar las diferencias.

2. Ser mejor es ser distinto; es cambiar y es superarse. Cuando uno acepta que si quiere ser mejor tiene que cambiar, entonces puede ver las oportunidades que surgen cuando uno deja de pelear solo para demostrar que tiene la razón.

3. Cuidar el tono y la forma de hablar es tan importante como hablar con el corazón y con sinceridad. La persona que actúa con prudencia, entendimiento e integridad tienen más mérito que la persona que lucha por tener la razón tan solo para nutrir su ego.

“Que perdida tan grande es destruir una buena relación… por demostrar que uno tiene la razón.” 

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