Las expectativas impuestas por cada uno son más duras que las expectativas esperadas por los demás.

Yo quiero ser… La madre perfecta, espero ser el ejecutivo… Necesito ganarme el titulo… Las personas esperan que yo sea… Soy el hijo ideal y no puedo defraudar a… Debo ser…

Cada uno crea una imagen que lo define y lo marca, así desarrolla una serie de expectativas que uno cree que tiene demostrar ante los demás.

La forma de su actuación depende de cómo uno cree que debería ser. A pesar de que esto pareciera ser una buena motivación para actuar, en realidad es un pretexto disfrazado para pretender ser alguien que no es y además sufrir.

Cuando uno tiene el deseo de querer cumplir con las expectativas del otro, en realidad actúa bajo las expectativas impuestas por sí mismo, ya que nadie le pide que sea algo que no es.

Actuar para satisfacer las expectativas del otro, es la receta para vivir con frustración continua. Pensar en función de los demás limita y condiciona al comportamiento, busca respuestas y reacciones sólo para nutrir la necesidad para satisfacer a otros.

Las expectativas congelan las emociones y hacen que se esfume la naturalidad. Cuando uno pone la expectativa en el otro, actúa con miedo, con precaución, y desde luego lejos de que la relación fluya todo se convierte en una lucha para ser lo que se pretende.

Es agotador vivir en función a lo que uno cree que debería de ser o lo que uno siente que los otros esperan que sea. La mayoría de las relaciones se convierten en acciones calculadas, editadas y monitoreadas. Cada palabra y cada acción que se hace y se dice necesita apegar a la “la imagen” que se pretende dar, para no defraudar los otros.

Las expectativas sin querer controlan, limitan e impiden que la persona pueda ser sincera.

Al quitar el tono de exigencia, se libera la angustia y el enojo. La relación fluye y la persona tiene la posibilidad de poder disfrutar y valorar las relaciones sin sentir la carga y el miedo a ser uno mismo.

Vivir sin expectativas, no quiere decir que no que uno no tiene sentimientos o angustias propias. Lo que quiere decir es que uno tiene la confianza en sí mismo de poder ser auténticamente real sin esperar que los otros lo acepten o lo juzguen y viceversa, deja que todos puedan ser como son.

Cuando no se espera nada, uno recibe con gusto todo lo que llega, aprecia más y se hace consciente que la vida, es más grande que la visión personal.

Al no tener expectativas, uno está dispuesto a ser libre, auténtico y lo más importante puede dejar que la vida fluya, le sorprenda y deja que los otros también puedan ser y actuar con sinceridad y confianza.

La receta
Liberándose de las expectativas

Ingredientes:
Aceptación – conocer la forma de ser y de actuar personal y dejar fluir la realidad
Sinceridad – naturalidad, poder de actuar espontáneamente
Valor – fortaleza para reconocer que uno no puede controlar todo lo que pasa
Buen ojo – empeño e intención para ver el lado bueno de lo que sucede y las personas
Sorpresa – asombro, ligereza y admiración por todo lo que rodea

Afirmación Positiva para vivir sin expectativas:

Busco relaciones sinceras y auténticas. Puedo decir lo que siento sin tener que esperar la aprobación de los demás. Dejo que las relaciones se desarrollen libremente. Me presento al mundo como soy y dejo que las personas me vean sin tener que cubrirme o pretender ser alguien que no soy. La gente me valora por lo que soy. Mi forma de ser es mucho mejor que mis expectativas. Vivo en el presente y soy lo mejor que puedo ser.

Cómo liberarse de las expectativas que solo limitan.
1. Las expectativas confunden y limitan la realidad. Cuando uno solo se enfoca en lo que espera, pierde la oportunidad de disfrutar lo que tiene y se multiplica la posibilidad de decepcionarse por lo que le falta.

2. Ser auténtico y sincero hace que la vida sea más grata y rica. Cuando puedes actuar con naturalidad y espontaneidad la gente te aprende a querer por lo que eres y no por lo que pretendes ser.

3. Cuando liberas las expectativas ayudas a que la vida te sorprenda y te llene de alergia. Uno puede apreciar y agradecer todo lo que le llega porque reconoce que todo lo que le llega es bueno, valioso e inesperado.

Cuando reconoces que la gente no espera que seas alguien que no eres, tu convivencia se torna en placentera y sincera; así la calidad de tu vida se mejora y tú verdaderamente aprendes a ser feliz. 

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