Hola mis niños!, Hoy vamos a comentar el caso de Clara, con el que quizá muchos se van a identificar, porque vivir en un lugar con muchos atractivos turísticos nos hace objeto de visitas familiares con cierta frecuencia. Clara dice que le gusta ver a su familia pero que se estresa demasiado cuando llegan a su casa por varias semanas. Su esposo le dice que está bien que la familia este cerca pero lo complicado es seguir con la vida cotidiana y conservar el equilibrio en casa. Al final de la travesía Clara termina exhausta, con un montón de pendientes personales, limpieza atrasada y sintiendo que no quedó bien y que hasta a la mejor la critican por lo que hizo y lo que no hizo.

¡Agotador, no! La mayoría de nosotros no tenemos una habitación extra para recibir visitas y hay que donar la sala o compartir la recámara, esto complica ya de entrada la dinámica familiar pero empecemos por recordar que si aceptamos que la familia o los amigos se queden en casa, nos tenemos que preparar nosotros también y hay que reorganizarnos entre los miembros de la casa para poder seguir cumpliendo con nuestras funciones y compromisos. Pero también es necesario hacerles saber a nuestras visitas lo que se les puede ofrecer y en lo que esperamos que participen o sean pacientes. Esto es muy difícil para muchas personas porque les parece de mal gusto decirles a los invitados que hay cosas que no van a poder hacer o pedirles que se sumen a cierta regla de la casa o hábito, pero la realidad es que es mejor hablar porque de otra manera esos detalles generan incomodidad para todos.

Un último detalle, decidan en pareja cual va a ser el presupuesto que van a poder asignar cuando llegue la familia porque de que se gasta, se gasta, entre las comidas o salidas junto con ellos el dinero se va y sino estamos preparados a parte del estrés se van a quedar con deudas y eso es lo mismo que problemas.