Liberarse de una pelea fomenta el bienestar, la libertad y un deseo de vivir en plenitud.

Una persona está dispuesta a resolver sus problemas cuando entiende que no hay razón de continuar una pelea que ya no tiene valor. Cuando se deja de luchar con una realidad que no puede cambiar, o cuando aprendió su lección, sufrió demasiado o ya se cansó de vivir sin poder avanzar.

Así como hay que saber cuándo pelar, también es importante saber cuándo es mejor dejar soltar y sanar para poder progresar.

Las peleas consumen tiempo preciado y mucha energía. Distraen de las cuestiones importantes y productivas de la vida. Llenan de resentimientos y frustraciones al alma.

A pesar de que hay personas que disfrutan vivir peleando, discutiendo y buscando razones para no vivir en paz, realmente las peleas no aportan valor. Quitan más de lo que dan.

Para poder terminar con un problema se requiere tener la claridad necesaria para aceptar que a pesar del orgullo o del dolor que se siente, uno ganará su paz y por lo tanto es mejor dejar de pelear porque no se puede llegar a una negociación.

Bien se dice que es mejor un mal arreglo que un buen pleito.

Posiblemente la mejor forma de resolver un problema que parece nunca tener fin pudiera ser el reconocer que mientras uno o las dos partes del problema sigan esperando a tener la razón o imponer sus puntos, entonces ambos seguirán perdiendo sin poder progresar.

Cuando alguna de las personas que se encuentran encajadas dentro del problema sientan que la situación llegó a su límite, entonces tendrán la determinación para terminar o resolver la dificultad.

Cargar un problema sin quererlo solucionar, es como vivir en un pantano, denso, apestoso, sobre todo, implica quedarse ahogado en un pasado cruel, inhóspito y solitario.

En ocasiones lo único que se requiere es soltar la lucha y dejar de dar importancia a los argumentos que son inválidos o expirados. Hay que dejar pasar el mal momento que ocasiona la confrontación y ver por el propio bienestar.

En otros casos uno deberá de estar dispuesto a escuchar y tolerar gritos, insultos y reclamaciones sin tener la necesidad de ponerse al tú por tú. Habrá que dejar a un lado las aclaraciones irrelevantes y concentrarse en los hechos fundamentales que se tiene que proteger.

Sea cual fuere la situación lo único importante deberá ser armarse de valor y resolver o aceptar las diferencias; No se busca revivir una amistad perdida, tampoco quería recuperar una relación que ha sido severamente lastimada; solo hay que concentrarse en resolver el conflicto y recuperar la paz emocional.

Cuando se reconocen las diferencias, y se acepta la necesidad de tener tranquilidad uno tiene la fortaleza de soltar el orgullo y dejar ir la ira. Así, poco a poco se puede suavizar la agresión y tomar la responsabilidad para reparar los daños causados y/o aceptar las diferencias para recuperar la libertad y el bienestar personal.

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Solucionando conflictos

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Ingredientes:

  • Aceptación – reconocer las diferencias y la realidad sin necesidad de imponer o agredir
  • Prudencia y perspectiva – esperar un momento oportuno entendiendo la situación completa
  • Determinación – interés y acciones concretas para resolver el conflicto y progresar
  • Claridad – entender la situación con objetividad y visión para mejorar
  • Valor – fortaleza para dejar ir el orgullo, enojo y poder ser sensible a los demás.

Afirmación personal para resolver viejos problemas:

Vivir con problemas que no se pueden resolver me quita energía y paz mental. Tengo la disposición para resolver los conflictos que me incomodan y me molestan. Tengo el poder para soltar las palabras que me lastiman. Puedo encontrar razones positivas para promover mi balance emocional. Quiero ser feliz. Quiero vivir en armonía. Busco lo bueno en los demás. Escucho sin discutir. Respeto y reconozco las diferencias. Me libero de los problemas que no me sirven ni me ayudan.

Cómo se solucionan los problemas y sin guardar rencor:

1. Para solucionar un conflicto hay que tener decisión y determinación. Cuando la necesidad es mayor que el orgullo y el ego, la visión del conflicto se reduce a la búsqueda de la solución. Las explicaciones y las justificaciones salen sobrando.

2. Es imposible tratar de cambiar a los demás. Aceptar que las personas y las circunstancias son como son, se puede tener una visión clara y objetiva. Hay que soltar las expectativas y concentrarse únicamente en la solución.

3. Cada situación tiene su tiempo, cada persona tiene su visión. Los problemas que no se resuelven causan daño y limitan la calidad de vida. Aprender a dejar ir el tener la razón es un acto de valor necesario para vivir en armonía y ser feliz.

Resolver problemas te convierte en una mejor persona, te aligera el sentimiento de malestar y sobre todo, te regala la libertad para vivir en paz y poder progresar. 

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