¡HOY SI VA A SER NUESTRO DIA DE SUERTE!

Un día común entre Teresa y Juanita, dos amigas que además de ser compañeras de trabajo en una fábrica, se acompañan para ir al supermercado, y de paso comprar algunos boletos de lotería con la ilusión de que podrían hacerse ricas, o inclusive millonarias de la noche a la mañana.

Y el diálogo entre ellas se da de esta manera:

Juanita: Ahora sí Teresa, a jugar que bien merecido nos lo tenemos después de haber trabajado tanto, que hoy va a ser nuestro día de suerte. ¡Tú vas a ver!

Teresa: Si, pero no estoy segura de jugar los únicos $20 dólares que traigo. Qué tal si los pierdo y no compro la despensa que necesito.

Juanita: (Decidida) ¡Yo sí voy a jugar! Me gusta el de “La Lotería”, no mejor no, aunque solo cuesta $3 dólares ya casi nadie gana con ese. Mejor voy a escoger para empezar uno de $10 dólares. 

Teresa: Está bien, voy a jugar. A ver qué pasa. Voy a escoger “Max Millions”.

Y así, ante a la máquina de los “scratchets tikets”, las dos amigas observan una y otra vez cada uno de los boletos como si quisieran tener vista de rayos X para adivinar donde está el premiado.

Juanita: (Con su billete de $10 dólares en mano) Aquí voy, pongo mi dinero en la máquina, oprimo donde aparece el boleto “Big Money”, y ¡listo! Aquí está mi suerte.

Teresa: Yo, mejor primero me “santiguo” para ganar aunque sea algo. ¡Ay, que gane, que gane!

Juanita: Y yo hago “changuitos” para pegarle “al gordo”.

Y así con la ilusión en las manos, ambas amigas comienzan a tallar su suerte con cierta desesperación, tratando de encontrar un pequeño tesoro en ese pedacito de papel lleno de números y de grandes cifras.

Teresa: (Después de un momento) Que pasó Juanita, ¿ganaste?

Juanita: (Desilusionada) ¡Ay no! ¡No lo puedo creer!, ¡otra vez perdí, como ayer! Aunque por poquito gano.

Teresa: ¿Por qué lo dices?

Juanita: (Señalando el recuadro). Si aquí, en vez del 15 hubiera sido el 16 me hubiera ganado los $10,000 que dice aquí. ¡Qué lástima, por un número no gane! ¿Y tú?

Teresa: Tampoco me fue tan bien. Pero mira,  de menos me tocó “Tiket”.

Juanita: ¡Qué bien! así no perdiste tus $20 dólares, que tanto pensaste jugar.

Teresa: Que bueno que me recuerdas. Ya se nos hizo tarde. Mi esposo está por llegar del trabajo, y la comida no va a estar preparada y se va a molestar. ¡Ya vámonos!

Juanita: Sí, ¡vámonos! Hoy tuvimos mala suerte como ayer, Teresa, pero mañana puede ser nuestro día de suerte, uno nunca sabe.

Y así, las dos amigas se retiran del lugar consolándose una a la otra. En tanto, sus dólares quedaron ahí, atrapados en esa máquina.  Y aunque Teresa recuperó sus $20 dólares, de todas formas, sus sueños de convertirse en millonarias se desvanecieron, una vez más.

Esta es una historia que se repite día a día, con un sinfín de personajes reales que acuden sin cesar, a este tipo de juegos de azar o puntos de venta. Todos con algo en común: con la esperanza de que sea su boleto el “ganador” de esa inmensa fortuna que le han prometido podría adquirir a cambio de unos cuantos dólares.