El legado de este quarterback, etiquetado como el mejor de todos los tiempos, ha estado escrito por éxito, en una carrera que ha durado 21 años y no piensa todavía en el retiro.

Brady se convirtió en titular por la lesión de Drew Bledsoe, apenas en la semana 2 de la campaña 2001, y cambió la historia de los Patriots de Nueva Inglaterra y la NFL. En aquella misma temporada, disputó el Super Bowl XXXVI, en el cual superó 20-17 a los Rams de San Luis.

Dos años después, regresó al gran partido, que se disputó el 1 de febrero de 2004, y conquistó su segundo título (32-29 sobre los Panthers de Carolina).

Llegó el bicampeonato y tercera corona en cuatro años, una dinastía, al vencer 24-21 a los Eagles de Filadelfia.

Diez años después, ya todo un experimentado, volvió a coronarse, para empatar los cuatro campeonatos de Joe Montana. En el SB XLIX, los Patriots ganaron 28-24 sobre los Seahawks de Seattle.
Apenas pasaron dos campañas para volver a ganar, su quinto anillo, en una voltereta de 25 puntos sobre los Falcons de Atlanta (34-28). Volvieron a pasar la misma cantidad de campañas para que levantara su sexto trofeo Vince Lombardi, otra vez sobre los Rams (13-3).

Otros dos años, pero con equipo diferente, Tampa Bay, logra el séptimo en su trayectoria.

Los siete campeonatos de Thomas Edward Brady II.