Aunque Magda había perdido el habla, reaccionaba con alegría cuando veía a Bety. Se esforzaba en balbucear palabras de agradeci- miento, se le iluminaba el rostro y sus ojos cafés brillaban de gratitud y gozo.

Después de saludarse, Bety ayudaba a Magda a lavarse la cara, la boca y las manos, la peinaba y le arreglaba las almohadas para que estuviera cómoda. A veces le cambiaba la ropa y las sábanas, ayudada por la hija de Magda.

-Coma, le va a hacer bien-, le dijo Bety un día, mientras movía el cereal caliente para enfriarlo hasta acercárselo a los labios de su amiga. Bety esperaba hasta que Magda tragara todo el alimento y le lim-  piaba la boca.

Ellas eran vecinas desde niñas y con los años, cada una llegó a formar un hogar. Habían “hecho clic” desde que se hablaron la primera vez, cuando, sin quererlo, resultaron sentadas una a la par de la otra, un domingo, para la fiesta del barrio. “Ven a sentarse”, indicó en esa ocasión Magda, y prosiguió: “Donde cabe una caben dos”.

Desde entonces iban juntas al mercado, disfrutaban de regatear el precio de las verduras y siempre pasaban a degustar un licuado de frutas. Compartían los platillos que cada una preparaba en sus respectivas cocinas, así como los remedios caseros y hasta la olla de presión y utencilios.

Magda era bromista, desapegada a lo material y gustaba de bailar. Bety distinguía por su ternura y alegría, su ingenuidad y servicio. Juntas iban a las fiestas del barrio, organizaban a los vecinos en los festejos de Navidad. En familia celebraban el carnaval y en la Semana Santa se intercambiaban los platillos de temporada. Se reunían para ver las actividades, ocasiones en las que de regreso a casa, casi a medianoche, cenaban hamburguesas o comida china, en el centro.

Un día, todo se convirtió en recuerdo y nostalgia. Magda, después de tres años de enfermedad, cerró sus ojos y no volvieron más a brillar de gratitud. La tristeza invadió el corazón y el espíritu de Bety, quien trataba de encontrar fuerzas en los momentos felices vividos y en la satisfacción de haber servido a su amiga en el momento oportuno.