Arzobispo, José Gómez presidirá los actos en la Catedral de Los Angeles

El Arzobispo de la Arquidiócesis de Los Angeles, José H. Gómez, presidirá por primera vez los festejos anuales en Los Angeles a Nuestra Señora de Guadalupe en la Catedral de Los Angeles, al celebrarse 483 años de las apariciones al indio Juan Diego en el Cerro del Tepeyac de la Diosa Tonantzin, “Nuestra Venerada Madre”.

El evento del que estará cargo el Arzobispo Gómez es la “Fiesta de la Virgen de Guadalupe”, que se celebrará a lo largo de toda la tarde del Jueves 11 de diciembre hasta la Misa de Gallo a la Medianoche, y empieza con entretenimiento en la Plaza de 6 de la tarde a 8 de la noche.

Al mismo tiempo, de 6 a 9 de la noche, pero dentro del recinto de la Catedral de Los Angeles, el Arzobispo Gómez presidirá la Veneración de la Reliquia de la Tilma.

Hacia las 8 de la noche la fiesta sigue con Danzantes Aztecas en la Plaza y con la Veneración a Nuestra Señora de Guadalupe al filo de las 9:15 p.m. Hacia las 10 de la noche, el Arzobispo Gómez encabezará el Santo Rosario con Mariachis cantándole a la Virgen.

Ya acercándose al día viernes 12 de Diciembre, día oficial de celebración del cumpleaños de Nuestra Señora de Guadalupe, el arzobispo presidirá la Serenata a la Virgen y a media noche la Santa Misa en honor de Nuestra Señora de Guadalupe.

Arzobispo de la Arquidiócesis de Los Angeles José H. Gómez
José Horacio Gómez es el quinto Arzobispo de Los Angeles. El 6 de abril del 2010, el Arzobispo José H. Gómez fue nombrado Arzobispo Adjunto de la Arquidiócesis de Los Angeles, California, por el Papa Benedicto XVI. Poco más tarde, el 27 de febrero del 2011, él fue instalado como el Arzobispo de la Arquidiócesis de Los Angeles.

José Gómez es el primer hispano nombrado a cargo del arzobispado cuya autoridad abarca el sur de California, es también el hispano de más alto rango de la iglesia católica en los Estados Unidos.

La Diosa Tonantzin y la Virgen de Guadalupe

Desde épocas prehispánicas existía un templo de adoración a Toci-Tonantzin en el Tepeyac, cerca de la Ciudad de México. Dicho templo fue destruido durante la Conquista de México. Sin embargo, los monjes franciscanos mantuvieron una pequeña capilla en este lugar.Bernardino de Sahagún describe el culto a Tonantzin:

“ …uno de estos está en México, donde está un montecillo que llaman Tepeacac y que los españoles llaman Tepequilla, y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que ellos llaman Tonantzin, que quiere decir nuestra madre. Allí hacían muchos sacrificios en honra de esta diosa, y venían a ella de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas de todas las comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande el concurso de gente en estos días y todos decían ‘vamos a la fiesta de Tonantzin’; y ahora que está ahí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomando ocasión de los predicadores que también la llaman Tonantzin. …y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente.” -Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, 1540-1585.

El culto a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyác es la continuación al culto de la prehispánica y ancestral Madre Tonantzin. Ella ha sido adorada desde milenios atrás sobre el Tepeyác, y para que su culto no pereciera durante la época de la conquista, en 1531 se perpetuó su culto como la Virgen de Guadalupe.

Según las versiones católicas escritas en náhuatl en el libro Nican-Mopoua, la Madre Tonantzin se le estuvo apareciendo a Juan Diego durante tres días. La primera y la segunda vez, en la cumbre del Tepeyác, dos al pie del cerro, una al tío de Juan Diego y otra permanente en el áyate.

El día nueve de diciembre de 1531, diez años después de la caída de Tenochtitlán en manos de los españoles, la Madre Tonantzin se le presentó por primera vez a Juan Diego hablándole en lengua Náhuatl, propio de los habitantes de Tenochtitlán. En vista que el antiguo templo a la Madre que había en el Tepeyác había sido destruido, ella le pidió a Juan Diego que se lo volvieran a construir: “Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada”.

A la Madre Tonantzin se le celebraba su festividad el día del solsticio de invierno y es el día en el que se le sigue celebrando su festividad.