El arte no tiene patria, pero los artistas si

Luis de la Teja Miniondas

“El arte no tiene patria, pero los artistas si”, en la sugerente obra de la jalisciense Gab Tolentino proyecta la sutileza del lenguaje; su estilo personal sin hacer concesiones de banalidad que no sigue el camino trillado del no arte; retrata en la convulsión de su plástica provocadora plagada de contradicciones; prosigue su búsqueda del cuerpo humano fuera de sus formas comunes , llenos de contorsiones como “la tempestad del mal”, abunda, “empecé a descubrir los demonios que todos tenemos dentro, las deformidades (…) por eso hay monstruos que se contorsionan, son esos los demonios que todos tenemos dentro, los miedos.

“El miedo del compromiso, ante la sociedad, a casarse, a tener hijos, la problemática de la mujer de acuerdo a mis necesidades y puntos de vista (…) hay una concepción de mis miedos sueltos.
En su plástica confluyen las complejidades ambivalentes de la mujer a la que visualiza como rompecabezas; figura central que busca el ensamblaje de golpe a si misma, que intenta constituirse, expurgada de censura, en una entidad terrenal con entera libertad del ser, está comprometida con una visión esperanzadora de la vida y de la existencia. Su aportación es la piedra filosofal del arte genuino, cargada de tonos tierra, ocre y Aqua revuelta, se entrelaza en húmedo engarce la belleza y los monstruos poliformes, el divertimento y la decadencia.

La Tolentino prosigue su búsqueda del cuerpo humano fuera de sus formas comunes, llenos de contorsiones como “la tempestad del mal”, el cual formó parte del Salón de Octubre del 2007, y donde la artista retrata a un bufón con una pose que desafía las leyes de gravedad. La técnica que utilizo, fue mixta sobre tela al carbón y lápiz; enfatiza el dramatismo de la composición.

En su obra Sinfonia Canibal de 18 piezas que integran su exposición, muestra la interpretación frente a ciertas realidades sociales del país, la pintora confronta los atavismos y convencionalismos; emerge “como un grito social; un proyecto adorablemente monstruoso porque apuesta por la imaginación, el entretenimiento como punto de partida para dejar atrás el desánimo, la decepción y retomar la esperanza, la voluntad y la inspiración.
Me interesan todos los segmentos del público pero en particular la inocencia de los niños. Mi origen es la calle, comencé pintando al aire libre y presentando mis cuadros en la glorieta Chapalita, un espacio que sigo disfrutando los domingos.

No se encasilla en una visión surrealista, la trasciende, en su concepción la mujer es un rompecabezas con una simbología que se escinde en sus parte, cabeza, cuerpo, torso y pelvis. La cabeza será el raciocinio, el torso el corazón, la pelvis la sensualidad.

La mujer está dividida así; señala Tolentino y no sabemos cómo engranar de repente todo. Hoy día tampoco “sabemos cómo podemos entender que una mujer pueda ser inteligente, sensual, hermosa, que pueda mostrarse tierna(…) creo que la mujer tiene un poco más de erotismo frente a un hombre que es ruido fuerte.

La Tolentino está llamada a quebrar la quietud, así lo expresa la poeta Marisa Hernández, en forma sublime: En las provincias del color Tolentino encuentra a la mujer/ Desteje el sueño de Ulises/ El espectro de la carne/ Y aprisiona a los engendros/ En sus manos de niña.

Su trabajo es como un poema sin fin que siempre, confronta a los convencionalismos y apela exclusivamente a las posibilidades de la imaginación. No está satisfecha, es inconforme, porque siempre quiere progresar; nunca permanecer estática.

Graduada en Artes Visuales por la Universidad de Guadalajara; Tolentino ha recorrido gran parte del país, con su obra al menos en 60 exposiciones colectivas y 10 individuales en la ciudades de Guadalajara, Aguascalientes, Colima, Xalapa, Guanajuato.

Ha participado en más de 100 exposiciones colectivas, recuerda que su primer fue el clavadista y medallista olímpico Carlos Girón.