Su triunfo en Indian Wells no es fruto de la casualidad. Con un nivel en alza en los últimos meses, se suma a la conquista en Acapulco y le da fuerza a la idea de que es la temporada ideal para dar el gran golpe y alcanzar la cima del ranking. Juan Martín del Potro no deja de sorprender y salda otra cuenta pendiente: nunca había ganado un Masters 1000. El triunfo ante Roger Federer es otro éxito que se suma a la lista de aquellos momentos clave en su carrera. Su rendimiento y su nivel de juego dentro de los courts están directamente relacionados a sus sentimientos. A lo que sucede en su cabeza. Si mentalmente está mal, es capaz de sufrir derrotas impensadas frente a rivales inferiores. Ahora, cuando está bien, el tandilense es una aplanadora capaz de pasar por encima a cualquier rival, aún cruzando ciertas barreras que el físico todavía le impone.

En febrero, el final de su relación de doce meses con Jimena Barón y el deceso de su perro César, un Terranova de 10 años, fueron un combo emocional fuerte para superar en soledad. Por eso acudió a Juan José Grande, psicólogo de Leonardo Mayer, y los resultados son elocuentes. El trabajo mental potenció a Del Potro que se muestra intacto desde lo físico. Y en los momentos de felicidad, también se da el lujo de dejar un guiño emocional, con el recuerdo para su mascota en plena tarde de euforia.

Fuente: La Nación