Los peritos dicen que la alta temperatura a la que fueron sometidos los cadáveres ha destruido el ADN

La posibilidad de identificar a los 43 estudiantes desaparecidos en el sur de México parece cada vez más remota.

Si algo ha conseguido el crimen organizado es enviar a miles de víctimas a ninguna parte, a un lugar entre la vida y la muerte del que difícilmente se regresa. La Universidad austriaca de Innsbruck, en un informe enviado a la fiscalía mexicana, asegura que los restos humanos que fueron encontrados en un río, cerca del basurero donde los sicarios dijeron haber ejecutado y quemado en una pira a los estudiantes, no arrojan ningún resultado debido a que el exceso de calor ha destruido el ADN mitocondrial, el material genético materno considerado más fiable y certero para lograr la identificación de un cuerpo abrasado.

La policía halló 17 restos óseos en unas bolsas de basura sumergidas en el agua. Uno de los huesos, el que se encontraba en mejores condiciones, fue examinado de inmediato y así se logró identificar a uno de los jóvenes, Alexander Mora Venancio, de 21 años. Las 16 piezas restantes, muy deterioradas, siguieron un proceso de análisis más lento en esta institución europea especializada en identificaciones extremas. Los primeros resultados, sin embargo, son negativos, ya que no se encontró una cantidad suficiente y útil de compuestos químicos para obtener perfiles genéticos. “Los métodos rutinarios no pueden emplearse para un análisis exitoso [en este caso]”, informó la fiscalía.

La noche del 26 de septiembre ha cambiado el rumbo de un país que, justo cuando comenzaba un proceso de reformas económicas y políticas, se ha visto obligado de nuevo a lidiar con el México Bárbaro.

Ese día, en el que se enfrentaron los policías de Iguala, una ciudad del sur, con los estudiantes de magisterio de una escuela de tradición contestataria y guerrillera, la Normal Rural Isidro Burgos, murieron seis personas y 43 fueron secuestradas.

El alcalde del municipio, José Luis Abarca, está detenido y acusado de ser el responsable de dar la orden de lo que ocurrió a continuación. Los agentes, según la reconstrucción de las autoridades basada en testimonios de los detenidos, entregaron a los muchachos a los sicarios del cartel de Guerreros Unidos, dominante en esta zona rica en sembradíos de amapola. Los pistoleros les dieron el tiro de gracia y los cremaron durante 12 horas en el basurero de Cocula, un pequeño pueblo de Guerrero.

Pese a los desalentadores resultados, el Gobierno mexicano cree que todavía existe una oportunidad de identificar a los estudiantes. La Universidad de Innsbruck va a utilizar una tecnología novedosa y exitosa en algunos casos puntuales llamada Secuencia Masiva Paralela (Massively Parallel Sequencing, MPS, por sus siglas en inglés). “El principal riesgo”, dicen los científicos, “es que los extractos de ADN sean consumidos sin ningún resultado adicional”. Es decir, que se pierdan para siempre. Los resultados podrían demorarse otros tres meses.

Guerrero, la región pobre donde ocurrió la tragedia que ha ensombrecido los ánimos del país, continúa con un proceso de inestabilidad que parece ir a más. Días atrás, facciones radicales del sindicato de maestros que apoyan a los padres en sus reivindicaciones de justicia quemaron patrullas policiales, secuestraron a un diputado local, destruyeron cámaras de vigilancia y asaltaron oficinas gubernamentales.