Jarritos y Anaheim Marketplace montan el encordado de “La Lucha del Pueblo”
“¡Cállense, cállense!”, grita el “Porky” al refinado y culto público que lo abuchea, provocando con su fingido enojo de villano de la lona y el encordado. La pelea parece dispareja, pues “las 250 libras de manteca”, como es presentado el “Porky”, se enfrenta a un carismático y tatuado personaje que no tiene un gramo de grasa y bien marcado el six pack en el pecho.

En la pelea anterior, la “Golosa”, sexy y provocadora luciendo una melena rosa, no deja de coquetear con el que se deje, incluidos los luchadores que son sus contrincantes, en una pelea cuerpo a cuerpo, máscara contra cabellera, en la que los únicos que ganan son el multitudinario público que en forma gratuita (sí, dije ¡free, gratis, de a gorra!) acudieron en una tarde lluviosa a disfrutar de la Lucha Libre mexicana en sesión de relevos titulada “La Lucha del Pueblo”.

¿Qué es todo esto, de qué se trata?, preguntamos por aquí y por allá, a los espectadores, a los sorprendidos curiosos que no dejaban de reír con ganas, a los luchadores mismos. Las respuestas son variadas. Unos afirman que es un deporte, otros que un espectáculo, “pura payasada”, aseveran algunos cuantos, “un arte”, se atreven a decir otros.

“Una metáfora de la vida”, acerta a decir otro, pues “aquí te das de costalazos y te vuelves a levantar a seguir luchando… así como en la vida”, atina a decir uno, muy viejo, de más de 80 años, un sabio amante de la lucha libre cuya sonrisa te deja ver que efectivamente ya lo ha vivido todo y sabe de lo que habla.

El espectáculo estuvo apadrinado por Ricardo Nichols, quien recuerda que fue vecino de Anaheim, pues “viví mucho tiempo en Orange County, cuando fui la voz en español en la narración de los partidos de béisbol de los Angelitos de Anaheim… el béisbol es mi pasión, por eso me dediqué a ser locutor y reportero de deportes”, dijo el periodista deportivo de Mundo Fox, quien lanzó al público camisetas de regalo con el logo de Jarritos y dio su autógrafo al que se le acercó a saludarlo.

El locutor de la tarde vuelve a la narración de la siguiente lucha, mientras hace anuncios de los eventos venideros en “La Placita” del Anaheim Indoor Marketplace, hace saber por menores de lo que puedes encontrar en los locales comerciales del swap meet, les dice al público que lean cada jueves el periódico Miniondas, que publica la crónica paso a paso de lo que ocurre en los principales eventos masivos presentados por el mercado más visitado de Anaheim.
Una tercera lucha libre está por iniciarse, dos mal encarados luchadores camuflados como que vienen de la guerra de Vietnam, o que se dirigen a la guerra en Irak, suben a azotar contra la lona a su rival enmascarado. Pero no está solo, no señores y señoras, niños y niñas, pues una bella amazonas de cabello anaranjado, la Pumpkin, está ahí, en el cuadrilátero para impartir justicia y poner a los malosos en su lugar.

El público feliz, desfoga por unas horas la energía acumulada en la semana, se olvidan por un rato de pagar los “biles”, de que aún no completan para la renta, gritan, se desgañitan, dicen improperios a los luchadores más antipáticos, hacen sus favoritos de inmediato a los técnicos, detestan con abucheos a los rudos. Así prosiguen por más tiempo, haciendo caso omiso del frío que se cuela hasta los huesos y de la copiosa lluvia que moja el alma y las ropas…