Cristiano Ronaldo recibiendo el Balón de Oro y Lionel Messi peleándose con Luis Enrique. El portugués en la cúspide y el argentino en la diana. Así comenzó el año 2015 para los dos mejores futbolistas del mundo. Apenas un mes después, quien está en la diana es el madridista y quien recibe elogios multiplicados el azulgrana.

Messi comenzó el año como suplente en San Sebastián y centrando todas las miradas en una crisis que amenazaba con derrumbar todo el proyecto de Luis Enrique, pero en una catarsis absoluta, al cabo de nueve partidos, el Barcelona parece un avión a reacción bajo la conducción del mejor Leo de los últimos tiempos. De los 10 partidos que ha disputado el Barça este año Messi ha tomado parte en nueve, ha marcado 10 goles, ha repartido seis asistencias y, recuperando las mejores sensaciones, vive una felicidad que se antojaba imposible hace un mes.

En ese mismo lapso de tiempo, Cristiano apenas ha participado en 559 minutos de siete partidos, ha marcado cuatro goles (uno de penalti) y ha sufrido una expulsión tras abofetear y dar un puntapié a un jugador del Córdoba. A la vez que uno lideraba la resurrección azulgrana, el otro se hundía en su peor momento del curso y se convertía en un simple mortal imposible de comparar con su gran rival.

“Es el mejor futbolista que he visto… Y probablemente el mejor de toda la historia”, resumió Ivan Rakitic en una conversación con ESPN, alineándose en un discurso que no tiene fisuras por el Camp Nou. “He hablado tantas veces de eso que no encuentro qué más podría decir. Es el mejor futbolista con el que he trabajado, el número uno”, apuntó hace una semana Luis Enrique. “Hablar de Leo es fácil: es el mejor”, cerró Xavi por las mismas fechas.

En el Barcelona existe el convencimiento de que la mejor versión de Messi está en el primer plano y que bajo su liderazgo el equipo, catapultado en todos los órdenes, tiene la disposición de luchar por todos los títulos. En el Real Madrid crece el desasosiego alrededor de su estrella.

El rendimiento de Cristiano Ronaldo ha descendido peligrosamente. Si marcó 23 goles en 17 partidos entre agosto y noviembre, en un sprint que se consideró decisivo para la elección del Balón de Oro, en diciembre ya dio unas muestras de flaqueza que con el nuevo año se han confirmado de forma indiscutible. Y preocupante.