Hoy amanecí muy contenta porque desayuné con la noticia de que en México estamos progresando, ¡hay que celebrar algo más que la Navidad! Se fortalece la confianza en nuestro sistema de justicia.

Les cuento algo de lo que he leído:

Desde el arresto de Raúl Salinas de Gortari, ocurrido en febrero de 1995 por diversos delitos, ha librado uno a uno los procesos penales que ha enfrentado.

Tantos años que padecieron éste pobre señor y su distinguida familia por las blasfemias que le imputaron y hoy gracias a la vida lo absuelven de toda culpa como a tantos otros inocentes, víctimas de la equivocación en los procesos de investigación delictiva, con un simple: “Disculpe usted, es inocente” .

Hoy se anuncia que queda debidamente demostrado que se trata de una persona honorable e incapaz de tomar un peso del erario público, sus cuentas bancarias, que suman una cantidad que ni siquiera sueño, y sus propiedades todas, han sido adquiridas con el producto de su trabajo, con el más tenaz esfuerzo y de la forma más decente.

No podía ser de otra manera, ayer lo comentaba yo por ahí… los cargos públicos que el señor Raúl Salinas de Gortari ocupó durante el Gobierno de su hermano, el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, le permitieron amasar una gran fortuna y no lo dude nadie ¡Es conocido en todo el mundo que en México los funcionarios del Gobierno Federal y Estatal son los mejor pagados en contraste con muchos otros países!

¿De qué se le acusaba? Han pasado casi 20 años y a los mexicanos se nos olvida todo.

Durante el sexenio del ex Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, la Procuraduría General de la República (PGR) en 1996, lo sentenció a muchos años de cárcel por el asesinato de su cuñado, el ex líder priista José Francisco Ruiz Massieu y por muchos otros delitos en los que estuvo involucrado.

Lo que necesitamos es modificar nuestra forma de pensar, nuestra manera de vernos unos a otros, tenemos que actuar cada día y tomar cada oportunidad que tengamos para ayudar, para servir a los demás.

El día que las personas de México y del mundo consigamos darle valor al bienestar del ser humano, a la vida y a la armonía, dejaremos de embelesarnos con el valor absurdo y desproporcionado que le damos a las posesiones materiales y a los lujos.