LONDON. Las afecciones cardíacas pueden poner fin al deporte o hacer peligrar la vida de los deportistas, sean de competición o recreación, pero los médicos ahora se dan cuenta de que en muchos casos, es posible controlar los problemas cardíacos para permitir que los pacientes continúen practicando deporte. El Dr. Elijah Behr, cardiólogo de Mayo Clinic Healthcare en Londres, explica esta tendencia hacia mantener jugando a los deportistas con problemas cardíacos.

Muchas investigaciones han evaluado el riesgo real de que un deportista joven con alguna afección cardíaca sufra un paro cardíaco  y entre esas investigaciones están los descubrimientos de Mayo Clinic respecto al síndrome del intervalo QT prolongado, que es un trastorno del ritmo cardíaco que hace latir al corazón de forma rápida y caótica, señala el Dr. Behr.

«Existe una tendencia hacia permitir que los pacientes cuya afección está bien tratada hagan más ejercicio. Debe ser un método personalizado que, a través de una experta pericia, abarque de forma integral al paciente y que puede involucrar al club deportivo, al colegio o a la universidad para tener la seguridad de que es la mejor manera de proseguir», afirma el Dr. Behr.

Un dispositivo que ayuda a los deportistas a volver a jugar después de un paro cardíaco es el desfibrilador cardioversor implantable, que lee de forma electrónica la información del corazón y determina si hay un problema del ritmo cardíaco que pone en peligro la vida para, en ese caso, descargar un choque eléctrico que devuelva la normalidad al ritmo cardíaco, explica el Dr. Behr. Ante un paro cardíaco, estos dispositivos son, en general, sumamente eficaces para salvar vidas.

Según el Dr. Behr, la causa del paro cardíaco generalmente es una afección cardíaca subyacente que deja tejido cicatricial en el corazón y, por lo tanto, lo predispone a problemas del ritmo que provocan un paro cardíaco. 

«Es muy raro que el paro cardíaco en sí mismo cause más daños en el corazón de los ya ocasionados por la enfermedad subyacente, puesto que también hay algunas afecciones principalmente eléctricas que no se relacionan con ningún daño del músculo cardíaco mismo. Cuando el corazón solo sufre daños menores o ninguno, es factible que el deportista recupere su funcionamiento y rendimiento normales, pero mucho depende de la afección y de la gravedad», señala el Dr. Behr.

Los estudios sobre muerte súbita realizados en deportistas y no deportistas plantean que la frecuencia de la muerte súbita puede ser el doble entre los deportistas y se cree que es debido al efecto del esfuerzo extremo en quienes sufren afecciones cardíacas subyacentes, como la enfermedad del músculo cardíaco conocida como miocardiopatía, asegura el Dr. Behr. Añade que esta situación aún es rara y que la mayoría de las muertes cardíacas súbitas no ocurren durante la práctica del deporte.

En general, los atletas de más edad que han hecho ejercicio de resistencia o de alta intensidad durante muchos años tienden a presentar más problemas con el ritmo cardíaco y con la arteria coronaria que otras personas de su misma edad que no son deportistas, opina el Dr. Behr.

«Creemos que podría tratarse del efecto de una excesiva tensión sobre el corazón debido a los períodos intermitentes de elevación de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, pero aún no se entiende bien este asunto y hay que investigar más. En lo referente a calidad de vida y longevidad, el ejercicio aporta un enorme beneficio general que posiblemente supera cualquier riesgo de problemas cardíacos», asevera el Dr. Behr.

En el caso de que el ejercicio pueda empeorar una afección cardíaca, o simplemente aumentar el riesgo de paro cardíaco, los cardiólogos trabajan con los deportistas para moderar la intensidad y la duración de la actividad. El Dr. Behr explica que para limitar la intensidad del ejercicio, se puede recurrir a medicamentos y controlar la frecuencia cardíaca a fin de que sea más baja.

Estas limitaciones son demasiado para los deportistas competitivos y hasta pueden obligarlos a cambiar de deporte si desean continuar compitiendo. La única manera de equilibrar las necesidades psicológicas de los pacientes y los riesgos de la afección sería pasar desde una actividad más exigente y de ejercicios dinámicos a deportes menos desafiantes, añade el médico.

«En general, los deportes son buenos y el ejercicio es sano para el cuerpo y la mente. Hay que evitar restringir innecesariamente a los pacientes y, en su lugar, lograr un buen equilibrio, porque estarán mejor dispuestos a cumplir con el plan de tratamiento y tendrán más probabilidad de rendir bien en general», concluye el Dr. Behr. 

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