En el primer siglo después de su descubrimiento europeo, registrado oficialmente en 1500 por el explorador Pedro Álvarez Cabral, se tomó el producto de mayor exportación para dar nombre al país: Brasil, del “palo brasil”, un gran árbol cuyo tronco contiene una preciada tintura roja, que muy pronto fue casi exterminado por su sobreexplotación.

La tierra encontrada por Cabral en 1500 era llamada “Pindorama” o “Tierra de Palmeras” por los habitantes nativos. Al llegar a las desconocidas y nuevas playas, el navegador las bautizó “Terra de Vera Cruz”, aunque a los pocos días cambió el nombre por “Isla de Vera Cruz”.

En 1503, en una famosa carta a Lorenzo de Médici, Américo Vespucio bautizó a las tierras encontradas “Mundus Novus”. Vespucio dirigió otra expedición, en su recorrido reconoció y puso nombre a muchos cabos y bahías, entre ellas la de Río de Janeiro. Regresó a Portugal con el “Pau-Brasil”, árbol del cual se obtenía un colorante rojo muy cotizado en Europa, que fue una de las primeras riquezas extraídas y el origen del nombre del país. La Terra da Vera Cruz tomó, a partir de esta fecha, el nombre de Brasil.

Ya desde 1511, en los mapas el nuevo nombre de “Brasil” se convirtió en el habitual, pero numerosas protestas se formularon en contra de dicha expresión.

El cambio en la denominación de la Isla de Vera Cruz era obra del diablo, sostuvo un fraile, Fray Vicente do Salvador, ya que se cambiaba el “divino árbol” por un árbol comercial.

¿Cómo escribir este nombre?: Brasil o Brazil
Desde el siglo XI hubo al menos 23 formas distintas de escribir la palabra, incluso en el siglo XX se seguía discutiendo si debía ser “Brazil” o “Brasil”.
Pero la mayor disputa fue histórica. ¿Cuál sería el origen del nombre del país? La versión tradicional pasó a ser fuertemente cuestionada a partir del primer cuatro del siglo XX, cuando el historiador Capistrano de Abreu adelantó otra hipótesis sobre el origen del nombre.

En su opinión, “Brazil” era originalmente una isla mítica y paradisíaca localizada a la altura de la costa irlandesa: desde 1375 en los mapas de los frailes irlandeses -muy viajeros- la Isla Brazil figuraba siempre ya que se suponía que el mítico rey, Brasal, había fijado su residencia en la isladesde tiempos inmemoriales.

El historiador Gustavo Barroso defendió la nueva interpretación en un libro publicado en 1941. Como fray Vicente, él detestaba la idea de la madera. En segundo lugar, era más digno derivar el nombre del país de una Tierra legendaria que de un vil producto tropical comercializado por cristianos nuevos.

El gentilicio “brasileiro” también incomodaba a muchos. Era el término originalmente aplicado para describir a un comerciante del palo brasil, un oficio nada superior al de un herrero o un minero. De hecho, recordemos que hasta fines del siglo XVII era ofensivo llamar a un hombre blanco “brasileiro”. Los indígenas nativos eran conocidos como “brasis”, mientras que los blancos se consideraban portugueses. Un portugués nacido en Brasil era denominado “português do Brasil” o “luso-americano”. Pero ya en la época de la independencia se difundieron también los gentilicios “brasiliense”, “brasílico” y “brasiliano”.

Aunque tiene sustento mítico, la hipótesis de la isla medieval de Brasil como fuente originaria embonaba perfectamente con dos facetas fundamentales del imaginario nacional que tenían sus orígenes en los textos antiguos de Cabral y Vespucio, pero también en los escritos de la independencia y del romanticismo: Nos referimos a la supuesta naturaleza paradisíaca de la tierra brasileña, un país grande, rico y bello.

Todo quedó plasmado en la cinta Los tres caballeros.

XICA DA SILVA
Si existe una mujer que empezó desde abajo para llegar a lo más alto esa fue Xica da Silva, cuya historia parece sacada de una novela pero que es verídica, una mujer inteligente y decidida que de no tener nada paso a tenerlo todo, hermosa, sin mucha educación pero con un encanto único.

Francisca da Silva de Oliveira, (Serro Frío, Minas Gerais c. 1732 – † Tijuco 1796) llamada Xica da Silva ó Chica da Silva, fue una esclava, posteriormente liberta, conocida por su belleza que se convirtió en un personaje de gran riqueza e influencia durante la segunda mitad del siglo XVIII.

Célebre por su romance de más de quince años con João Fernandes de Oliveira el más rico explotador de diamantes, cuya fortuna decían, era mayor que la del rey de Portugal