| Alexis Maldonado Miniondas

En el momento menos esperado, en medio de una conversación, me tomó por sorpresa el famosísimo tema de los Propósitos de Año Nuevo. Mi cabeza empezó a dar vueltas: año nuevo, yo, mejorar, metas, logros, retos, avanzar. La otra cara de la moneda: siempre lo mismo, ya no me acuerdo cuales eran, empecé muy bien pero…ya me di por vencida, se me acabo la pila, no se cumplen, quizá fueron demasiado ambiciosos. Todos tenemos propósitos de año nuevo. Todos queremos siempre algo mejor para nosotros mismos. Todos queremos ganar algo o deshacernos de algo. Todos queremos conseguir algo. En fin, todos queremos ser mejores, punto. ¿En qué? En lo que sea. En áreas tan diversas como tan personales, tan íntimas, privadas; como otras tan comunes, hasta obvias, vamos, lo mismo de siempre.

Quizá alguien ya dijo como los niños, “yo safo”. Es decir, este año me olvido de propósitos, no quiero saber nada y así no fallo. De plano no le entro y no pasa nada. ¡Bien pensado! Yo también ya lo intenté. Pero bueno, sí teniendo metas en la mente, en nuestro corazón, en nuestro ser, no las cumplimos del todo, no avanzamos como quisiéramos ¿Cómo entonces puede pasar algo bueno con nosotros? ¿Cómo podemos esperar los milagros de la vida? ¡Uf! Todo esto se trata de algo más que escribir una simple lista cada año. Es más que echar una moneda al aire para ver de que lado cae y ver hacia a donde se supone debemos caminar. ¿De verdad estamos dispuestos a que algo o alguien mas decida nuestro futuro, nuestros sueños, nuestra calidad de vida? Esto es lo que está implícito en todo este asunto de los Propósitos de Año Nuevo, de esto es de lo que se trata en el fondo: Hacia a dónde voy, cómo me voy construyendo a mi mismo, cómo me voy haciendo la vida cada día, cada año.

Este es un buen momento, el inicio de año, para embarcarnos en este viaje personal y tomar ventaja de este espíritu que se respira de renovación, de entusiasmo, de alegría, de optimismo, de volver a soñar, de volver a creer en uno mismo. Si desperdiciamos esta oportunidad de oro ¿cuándo entonces lo hacemos? Realmente se necesitan todos estos ingredientes y más para dar pasos firmes, pasos reales en nuestras vidas.

¡Bueno pues manos a la obra! Al estilo antiguo, papel y lápiz; o al estilo moderno, Computadora e impresora. Pan comido, eso fue fácil. Bueno esta bien empezar por decisiones fáciles. Ahora escojo un propósito que quiero lograr. Repito otra vez: escojo un propósito que quiero lograr. Si ya establecimos que una pila de buenos deseos no es suficiente, para qué complicarnos la vida con una larga lista que al final de año no la vamos ni a acordar, mucho menos la vamos a haber cumplido.

Todo listo a empezar. ¿Si de verdad? Ahhh no tan rápido. Hay un detalle que debemos tener muy claro, si estamos tomando el tema con seriedad. Dicen los grandes pensadores, los filósofos, que tan sólo con que creamos en nosotros mismos y en que genuinamente podemos conseguir algo, tenemos el cincuenta por ciento ganado. ¿El cincuenta por ciento? Eso es mucho, ¡es la mitad de toda la travesía! Así que con sabiduría tendríamos que anteponer este importantísimo ingrediente, yo diría esencial, en nuestro bien orquestado plan.

Bueno entonces como a veces menos es más, una vez con mi solo y único propósito bien elegido, bien pensado y analizado, 2014 ahí te voy con todo, ¡Esta vez eres mío! Te voy a conquistar y va a ser una conquista como hace mucho no lo había hecho. Decido esta vez que no va a haber nada ni nadie que me haga desistir. No va a haber nada ni nadie que me haga abandonar mi meta. Quizá flaquee, quizá me tambalee, quizá pierda un poco el ánimo, quizá la sonrisa se desdibuje ocasionalmente pero hoy como nunca tomo en mis manos este reto, que yo mismo he elegido, y lo doy por hecho. Veo mi triunfo, veo mi sueño realizado, me veo como luzco con mi logro. Ya está, ¡Lo logré! Nos leemos al final del 2014 para revisar, y si es posible, celebrar nuestro reto cumplido.