DALLAS, 16 DE JULIO DEL 2020. La tasa de recurrencia de los ataques cerebrales disminuyó entre estadounidenses de origen mexicano en un estudio a largo plazo, según indica una nueva investigación publicada hoy en Stroke, una revista de la American Stroke Association, una división de la American Heart Association.

Las tasas de recurrencia de ataques cerebrales disminuyeron más rápido entre estadounidenses de origen mexicano que entre blancos no hispanos. Al final del estudio, en el 2013, las diferencias entre estos dos grupos habían desaparecido. Los estadounidenses de origen mexicano presentaron una reducción considerable en la recurrencia de los ataques cerebrales, aunque la tasa de mortalidad por esta causa permaneció estable.

“Esta es la primera vez, en todo este estudio a largo plazo, que encontramos una mejora en un marcador importante de disparidades étnicas de ataques cerebrales”, señala Lewis Morgenstern, M.D., principal autor del estudio y profesor de neurología y epidemiología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Míchigan y de la Escuela de Salud Pública en Ann Arbor, Míchigan.

Los estadounidenses de origen mexicano conforman el 63% de la subpoblación de estadounidenses de origen hispano, que son la población minoritaria más numerosa de EE. UU. Actualmente, el 9,2% de los estadounidenses hispanos tienen más de 65 años y, para el 2040, se espera que este porcentaje suba al 15,8%. Esta población tendrá un riesgo sustancial de ataque cerebral y recurrencia de ataque cerebral, por lo que la prevención de los ataques cerebrales reiterados es extremadamente importante.

El Proyecto de vigilancia de los ataques cerebrales de Corpus Christi (BASIC, del inglés Brain Attack Surveillance in Corpus Christi) comenzó el 1 de enero del año 2000, y es un estudio en curso que se centra en la vigilancia de los ataques cerebrales. Los 3571 participantes del estudio se autoidentificaron como estadounidenses de origen mexicano y blancos no hispanos del condado de Nueces, Texas, y provenían de una población predominantemente no inmigrante compuesta casi exclusivamente de ciudadanos estadounidenses de segunda o tercera generación. Un 56% de los participantes estaba compuesto por estadounidenses de origen mexicano de, al menos, 45 años de edad, y el 50% por mujeres. Los participantes sufrieron un ataque cerebral, por primera vez, entre el 1 de enero del 2000 y el 31 de diciembre del 2013. Se establecieron referencias cruzadas entre los registros del estudio y los certificados de defunción del Departamento de Salud de Texas, y los registros del estudio se ajustaron por edad, sexo, hipertensión, diabetes, tabaquismo, fibrilación auricular, seguro y colesterol.

En este estudio, se definió el ataque cerebral como la interrupción del flujo sanguíneo hacia el cerebro a causa de un coágulo (isquémico) o como una hemorragia en el cerebro (hemorrágico). Se realizó un seguimiento de los casos para determinar si se volvía a presentar un ataque cerebral al cabo de uno o dos años. Durante el primer año de seguimiento, 206 pacientes sufrieron ataques cerebrales nuevamente, y 683 pacientes fallecieron sin llegar a presentar otro ataque cerebral. Durante el segundo año de seguimiento, se observaron 293 nuevos ataques cerebrales, y 883 pacientes fallecieron sin llegar a presentar otro ataque cerebral.

Los investigadores determinaron lo siguiente:

  • Entre los estadounidenses de origen mexicano, la incidencia de recurrencia al cabo de 1 año disminuyó del 9,26% en el año 2000 al 3,42% en el 2013.
  • Entre los blancos no hispanos, la incidencia de recurrencia al cabo de 1 año disminuyó del 5,67% en el año 2000 al 3,59% en el 2013.
  • Los cambios en la tendencia de recurrencia entre los años 2000 y 2013 fueron significativos entre los estadounidenses de origen mexicano, pero no entre los blancos no hispanos.

“Estos resultados indican que la recurrencia de los ataques cerebrales sigue disminuyendo en ambas poblaciones, pero esta disminución es más notable entre estadounidenses de origen mexicano, probablemente porque sus tasas iniciales eran muy altas”, señala Morgenstern. “Las personas deben trabajar para reducir sus probabilidades de sufrir un ataque cerebral, siguiendo pautas nacionales de vida saludable, como Life’s Simple 7 de la American Heart Association”.

Si bien este es un estudio comunitario con mucho énfasis en la exactitud, sigue siendo de una sola comunidad, y sus resultados pueden no ser aplicables en general, especialmente en poblaciones de inmigrantes hispanos. También existe una pequeña posibilidad de que los pacientes hayan sufrido un ataque cerebral recurrente durante su hospitalización inicial o después de haber salido de la comunidad. En este estudio, no se analizaron los efectos de las diferencias entre sexos.

Según la American Stroke Association, los síntomas más comunes de un ataque cerebral se pueden identificar recordando la sigla en inglés F.A.S.T., de «Face» (Cara), si la cara se paraliza; «Arm» (Brazo), si se siente debilidad en los brazos; «Speech» (Habla), si se experimenta dificultad para hablar; y «Time» (Momento) si debe llamar al 9-1-1. Los testigos del hecho deben llamar al 911 (o su número de emergencia local) para obtener atención médica inmediata, incluso si los síntomas desaparecen.

Los coautores son Cemal B. Sozener, M.D.; Lynda D. Lisabeth, Ph.D.; Fatema Shafie-Khorassani, M.S.; Sehee Kim, Ph.D.; Darin B. Zahuranec, M.D., M.S.; Devin L. Brown, M.D., M.S.; Lesli E. Skolarus, M.D., M.S.; James F. Burke, M.D., M.S.; Kevin A. Kerber, M.D., M.S.; William J. Meurer, M.D., M.S.; y Erin Case, B.A. Este estudio se realizó con el financiamiento de los National Institutes of Health.

Recursos adicionales:

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