Es más cómodo permanecer callado que evitar una confrontación. ¿Será una actitud sana y efectiva?

Por Becky Krinsky

Los problemas más grandes y quizá más difíciles de arreglar se originan cuando las personas deciden callar y dejar de comunicarse. El habla es un derecho que se desarrolla a través de la vida. El silencio es una elección que causa consecuencias desastrosas.

Si bien en ocasiones el silencio podría ser sagrado, en la mayoría de los casos el callar se convierte en una bomba invisible que destruye relaciones personales y daña lentamente el bienestar emocional de la persona que decide no hablar.

El silencio construye barreras impenetrables que alejan y aíslan a las personas. El silencio lastima. El silencio es incómodo. El silencio también es otra forma de hablar.

Existe una gran diferencia entre callar cuando uno va a ofender o quiere desahogar el enojo y la frustración, y el hablar con cuidado y pensando bien lo que se pretende decir para no herir ni causar dolor. El hablar con prudencia y con conciencia puede ser incómodo, pero siempre sana y abre las puertas que el silencio cerro.

No siempre las personas pueden hablar sabiamente todo el tiempo. De hecho, hay algunas personas que tienen ideas absurdas e incongruentes, sin embargo…todos deben tener la oportunidad para poder expresarse y decir lo que sienten.

Hay momentos en los que resulta más cómodo refugiarse en el silencio y distanciarse, ya que el iniciar una discusión y tener esa conversación dolorosa y fuerte puede crear incomodidad. Sin embargo, el callar y no buscar un diálogo sensible, eventualmente es mucho más nocivo y crea problemas mayores que el encontrar el valor para hablar.

El silencio destruye toda posibilidad para poder reparar, sanar y retomar la relación y la vida.

El permanecer callado y no decir lo que se siente, termina lastimando al alma y roba la energía necesaria para luchar por lo que tiene valor e impide cuidar otras áreas de la vida que funcionan adecuadamente.

La falsa creencia que insiste que el tiempo cura todo, aun lo que el silencio calló; sólo nutre la ilusión que los problemas se van a resolver mágicamente, o se pueden olvidar asegurando que el tiempo borra las huellas y confunde la memoria. Los problemas nunca se resuelven solos.

La persona que calla se limita, se maltrata y pierde el contexto de su realidad. Sin querer se debilita emocionalmente y con el pasar del tiempo se somete voluntariamente a una prisión de la cual será difícil salir.

El silencio paraliza la sensibilidad, el goce y la gratitud impidiendo que la persona pueda encontrar paz aun en el silencio que prefirió. La persona que elige callar regala su privilegio. El poder de la palabra, la posibilidad de explicar lo que se siente y entender lo que otros están pensando vale más que la comodidad de callar.

El silencio solo sirve cuando uno está escuchando con atención, para luego encontrar el momento indicado para poder hablar.

LA RECETA

Rompiendo el silencio

INGREDIENTES

  • Valor – fortaleza para hablar las instancias que molestan y crean malestar
  • Conciencia – comprensión de la importancia de las palabras y la comunicación
  • Serenidad – calma y prudencia para poder hablar sin lastimar y con tranquilidad
  • Confianza – reconocimiento que todo se puede arreglar con buena voluntad
  • Sinceridad – hablar con la verdad, directa y claramente, cuidando el corazón

Afirmación Personal para no callar

Tengo el valor para poder expresarme. Mis sentimientos son importantes y no los puedo negar, callar o evadir. Busco el momento adecuado y un tono noble para poder decir lo que me preocupa o me lastima. O lo que me causa temor. Reconozco que hay temas que me molestan y debo tener cuidado cuando hablo de ellos. La comunicación clara y oportuna me ayuda a vivir en paz. Acepto la responsabilidad de mis palabras y las consecuencias de mi silencio.

Como romper el silencio que destruye las relaciones:

1. El silencio crea un caos invisible y atormentador. Callar y evadir un problema no lo resuelve, sólo lo complica más ya que crea situaciones colaterales que enredan el problema inicial.

2. Una palabra sensata y honesta sana mejor que mil silencios “inofensivos”. Hay que dejar a un lado el orgullo, el miedo y el dolor para poder hablar y sanar las situaciones que causaron incomodidad.

3. El Hablar y el callar son privilegios y responsabilidades que se deben de cuidar. Toda persona tiene el poder para elegir, vivir, sanar, ser mejor y poderse comunicar, pero también puede negar su privilegio y enterrarse en su silencio para no hablar.

El silencio crea distancias y destruye el bienestar que solo las palabras nobles pueden sanar y reconstruir.

Fuente: https://recetasparalavida.com/