La ciudad brasileña de Santa María, donde 233 personas murieron en el incendio de una discoteca el pasado domingo, trataba de recobrarse anímicamente, a pesar de contar aún con 118 heridos en hospitales, 75 de ellos graves.

 El clima en la ciudad era cercano a la normalidad, tan solo algunos crespones negros colgados en balcones recordaban lo ocurrido, mientras que las tiendas volvieron a abrir después de que muchas echaran el candado el lunes en señal de duelo por la mayor tragedia ocurrida en Brasil en más de medio siglo.

Tratan de Recuperarse tras Incendio

Los principales cementerios de este municipio del estado sureño de Río Grande do Sul estaban vacíos, sin rastro de los centenares de automóviles aparcados a sus puertas y miles de personas que acudieron en la víspera para dar sepultura a cerca de cien personas.

El resto de entierros se llevó a cabo en otras localidades de la región y en otros estados brasileños, mientras que hoy había sepelios previstos en Río de Janeiro, Sao Paulo y Paraguay, donde será sepultado Guido Brítez, de 21 años y único extranjero entre los muertos.

La tragedia tan solo se podía palpar a las puertas de la discoteca Kiss, donde se concentraron decenas de curiosos, muchos de los cuales continúan llevando flores y fotografías para recordar a las víctimas, en su gran mayoría estudiantes universitarios.

El dolor se siente en el aire

El repartidor Carlos Souto pasó una hora observando la fachada de la discoteca y dijo a Efe que quería “ver directamente” el lugar donde había ocurrido “algo tan horrible”.

“Aquí se siente el dolor, todo Brasil y todo el mundo lo siente”, afirmó a Efe a las puertas de la discoteca la enfermera boliviana Isabel Mejía, afincada hace 32 años en Santa María.